LA MATANZA: El “COTILLON ELECTORAL” DE ESPINOZA. MUCHA PLATA EN LAS CALLES

Una de las funciones esenciales de la propaganda es asegurar ese paso  de la indecisión a la toma de partido, a la creencia de que un  candidato/a  o un programa son la mejor “representación”, o por lo menos la menos mala, y que, como consecuencia, hay que votar por ellos.

Lanzada la campaña electoral en La Matanza, Magario-Espinoza  desplegaron  toda  su  “artillería  psicológica” buscando impresionar más que convencer; sugestionar  más que explicar.

La idea a  propagar  quedó  ligada  a  un  rostro,  a  un  símbolo y  a  un  slogan. Nada  de  programas  detallados  y  demostraciones  de  obras.  Siguen al pie de la letra  “la propaganda política” que detalló  Jean Marie Domenach en su libro.

Para que la propaganda  ejerza  influencia  más o menos marcada, para desencadenar y sostener una campaña de opinión se necesita de apoyatura económica  combinada con “un esfuerzo tenaz y múltiple de propaganda individual”.

La  propaganda  individual   que se  expresa  por  la  simple  conversación,  por  la  distribución  de  volantes,   por  ir  de  puerta  en  puerta, está asegurada por los subcomandos.

Pero la militancia  del Partido Justicialista no llega solamente con la voz, viene con material de mano. Los volantes  más chicos  (10 cm x 15 cm) que se reparten cuestan $0,98, los folletos más grandes  superan  los 2 pesos cada uno.

En caso de estar en lugares fijos se les pone un gazebo plegable articulado   cuyo valor es de $ 6.900, 4 sillas plásticas a $ $1.640 y  una mesa de plástico  a $ 1.500. La imagen del candidato  se coloca  en un portabanner  cuyo costo es de  $753.

Para que se identifiquen debidamente  los militantes  tienen pecheras  ($ 149) y  remeras, la   de Axel Kicillof se cotiza a $ 350. En los kilómetros, zonas más alejadas de San Justo,  se los provee de un chaleco polar  de  $ 465  y  de una Gorra, con la inscripción “No Fue Magia Cristina”  cuyo costo es de $ 380.,

A la folletería que se reparte en las mesas se le agrega las boletas electorales, cada una cuesta

$0,84.

En los Shopping se instalaron Mini Stand  con volantes  y  el Padrón. Uno de estructura de aluminio sale  $ 5.490.

Recorriendo  las calles se observan  las paredes  profusamente empapeladas con las caras de los candidatos,  un afiche  chico de  72×102,  Fullcolor  cuesta $ 11,70 y uno doble se cotiza a $23,40 la unidad.

Las columnas no quedaron libres de la pegatina, cada columnero se acerca a los 3 pesos. Y en caso de las pancartas de Corrugado Plástico $ 76 cada uno.

Si levantamos la vista los pasacalles también forman parte del cotillón, se consiguen  los simples a  $ 360 cada uno. Si se les agrega color e imagen los costos varían de 893 a $ 1.022, eso sí, hay que sumarle el IVA.

A todo esto hay que agregar  los costos de gigantografias; hay tres solamente en la rotonda de San Justo, los equipos de pintadas y pegada, los viáticos y la publicidad móvil.

Mucha plata en las calles de La Matanza para una elección que se descuenta ganada.